velas de cera de soja y esencia de eucalipto

Hace muchos años ya rondaba por mi cabeza el poder hacer mis propias velas. Pero siempre lo dejaba para más adelante. Supongo que me parecía difícil, un gasto extra que en aquel momento no podía permitirme y un engorro. ah! no existía o no tenía constancia de que existiera Amazon, bendito Amazon! en el que puedes encontrar casi todo lo que buscas.

Era adolescente, pero quería hacer mis propias velas, en realidad esas velas y otras muchísimas cosas. 🙂

Y ahora, con 35 años y mamá de un niño, he decidido que era el momento.

¡ me ha encantado! nada costoso, nada engorroso y los resultados son una pasada. ¿por qué no lo hice antes?

Compré cera de soja ecológica por muchas razones, pero la más importante es que apenas contaminan y duran mucho más que las típicas velas hechas con parafina. Pero lo más importante: no dañan al medio ambiente.

Le agregué unas gotas de esencia natural de eucalipto.

Y ta-chan!

Si quieres hacerlas en casa es facilísimo. En mi caso, solo he necesitado este material:

  • Cera de soja, de abeja, cera de parafina. La que prefieras. Yo te recomiendo la cera de soja de bajo punto de fusión.  (Busca en Internet sus múltiples beneficios).
  • Mechas de algodon
  • un lápiz o bolígrafo para sostener la mecha firme.
  • un recipiente de vidrio para deshacer la cera.
  • una olla para calentar agua y meter el recipiente de vidrio con la cera.
  • una cuchara de madera para mezclar
  • algunos botecitos para rellenar las velas. (Yo utilicé uno de mason Jar que me quedó genial).
  • aceite esencial que prefieras : yo puse eucalipto pero tengo pensado hacer de lavanda o bergamota.

 

Cosas que me han gustado últimamente (II)

Mermelada de frambuesas y semillas chía de Veggieboogie

Cosas que me han gustado últimamente:

  • Me llegó el pedido de Ekobizi, no sé si recordáis que es una tienda donde venden productos ecológicos. Y me ha encantado la calidad de sus productos. Ya fui a comprar verduras, legumbres y frutas con mis bolsas de algodón orgánico y la dependiente me dijo: ” ¡qué bien, ojalá todos vinieran con esas bolsitas a la tienda!”. He reducido muchísimo el plástico a la hora de ir a comprar. No sé cómo explicarlo pero uno se siente muy bien cuando sabe que está dando los pasos adecuados.
  • Me animé a reproducir una Mousse de 3 capas de David Frenkiel (gk) y me encanto! He flipado porque es un postre super delicioso y sano que nunca antes se me había ocurrido. ¡Tenéis que probarlo!
  • También me atreví a preparar la receta de Mermelada de frambuesas y semillas chía de Veggieboggie. Tiene un sabor un pelin ácido que es ideal si lo tomas con algo dulce. Y su color, ese rojo intenso lo hace irresistible. Saqué la receta de una entrada en un blog acerca de un ejemplo de lo que come en una semana. Este post me ha ayudado mucho y no tiene desperdicio.
  • Desconectar de mi día a día cogiendo coche y yendo hacia ninguna parte. Y al final acabar en una posesión y conocer a una mujer interesante de mundo. Acabamos en un pueblo charlando y tomando unas copas de vino.
  • Mi primera experiencia haciendo un traje de disfraces para Nico y para mí. Saber que lo has hecho con tus propias manos te llena de orgullo. Y llegar el día y disfrutarlo como nunca. Era su fiesta, la de los pequeños. Qué alegría vivir ese momento de su mano.
  • El fin de semana pasado tuvimos por primera vez a Tato, un pato que es la mascota de la guardería. Nico se ha sentido importante de tener a Tato en casa. No se ha despegado de él.
  • Estas semanas he hecho algo de Batch cooking y la verdad es que tener planificado parte de lo que vas a comer durante la semana hace que todo fluya mejor y el trabajo se reduzca notablemente. Entre mis preparaciones semanales se encuentra una salsa de tomate casera de cebolla roja y verduras, un pesto de albahaca (sin el parmesano para que me aguante toda la semana= se lo echo a casi todo. Es mi reciente adicción), hacer granola o la base de un postre, la cocción de algunas legumbres y cereales. Preparar una crema de verduras o un caldo casero de pollo o verduras.  Me encanta tener en mi nevera un sinfín de alternativas.
  • He vuelto a retomar la lectura. Creo que hasta ahora me había invadido la pereza y el no encontrar libros que me enganchasen. Y ahora estoy inmersa en dos libros que me están encantando. Volver a ese momento de silencio es increíble.
  • Los dos libros que tanto me están gustando son: Los niños malos no existen de Janet Lansbury y Vivir es un asunto urgente del Dr Mario Alonso Puig.

Cosas que no me han gustado últimamente:

  • el mal tiempo que no da tregua. En otra ocasión me hubiera encantando, pero creo que mi cuerpo necesita algo de sol, un clima relajado, colores alrededor= una Primavera anticipada.
  • desde Enero siento que voy por una cuesta hacia abajo, a toda leche. Mi cuerpo no aguanta mucho trote y al llegar el final de la tarde tengo muy poca energía, esto me tiene realmente cabreada conmigo misma. ¿cómo puede ser que no rinda? Estoy realmente cansada.

 

Acallar el ruido, para empezar a escuchar el silencio.

Mucho antes de llegar la fotografía a mi vida, estaba la escritura. Podría decir que los libros fueron los primeros, pero creo que una cosa llevó a la otra y para mi iban unidos de la mano. Una buena lectora es una escritora en potencia. Y es que el rico vocabulario, las experiencias y matices que descubres al zambullirte en los libros, te regala ese don. Pero debes practicar, fomentarlo. Si no lo haces, ese don se diluye, pierde forma.

A mis 15 años mi sueño era ser escritora pero no sabía de qué. Y a mis 20 tenía una carpeta llena de escritos lo más variopintos posibles. Todos en primera persona.  Había poesía, relatos cortos. Incluso trabajé en la creación de una revista mensual para regalar gratis llamada “el círculo de bloomsbury” en honor a mi querida escritora Virginia Wolf. No había ni un solo día en el que no dedicase una hora (en realidad eran varias) para estar en silencio en mi escritorio y casi siempre con una taza de te con leche caliente  a mi lado. Algunas veces mi querida Laika dormía sobre mis piernas, otras me acompañaba cerquita en la cama. Ella me miraba absorta, otras dormía. Nunca estaba sola.

Cuando en casa había mucho ruido, ponía música. Tenía una amplio repertorio, pero digamos que nunca fallaba Josh Groban que me ayudaba a deslizar mi bolígrafo  por el papel más fácilmente, o la voz especial de Jewel con su música country o mi descubrimiento por aquel entonces: Secret Garden. Una melodía tan sumamente triste que no sé porque pero conectaba automáticamente con mis sentimientos. Lograba sacar de mí todo lo que me atormentaba. Si, era muy joven, pero en ese momento no estaba pasando por una buena época. Creo que el pasarlo mal hizo que descubriera la lectura y por ende la escritura.

Y es que las malas experiencias te enriquecen.

Siempre tuve un mundo interior muy rico y encontré en la escritura un medio para poder expresar al exterior todo lo que hervía dentro de mí.

La escritura es humilde. No necesita un inmediato feedback.  Y te hace ahondar en tu parte más profunda desde el silencio, la paciencia. Hay que ser constante. Es un regalo, un momento que te dedicas a ti misma. Y en esa intimidad te descubres y te basta para ser feliz.  Ayudas a mantener a raya esos pensamientos frustrados, ese desasosiego interno. Es una terapia continua que nunca resta.

Suma,

siempre.

Recuerdo mi último escrito. Se lo dejé a escondidas en el buzón a mi Directora del colegio con la esperanza de que lo leyera.

Era anónimo. Creo que hacia unos 1o años que no la veía. Tenía una tremenda urgencia en expresarle mi agradecimiento. Darle las gracias porque, pese a no ser la mejor alumna, ella supo entender mi naturaleza. Pausada y constante. Me importaban los detalles, no el resultado inmediato. Y ella lo valoraba. Había llegado  a la Universidad pero no era feliz. Quería expresarle tantas cosas, pero especialmente agradecimiento por mostrarme el amor por los libros.

No supe de ella en unos años más.

Solo cuando un día repicaron las campanas de la iglesia del pueblo y me enteré que había fallecido.

Y después de la ceremonia, un profesor se acercó a mi y me dijo:

“Lorena, ella sabía que habías sido tú. La de la carta. Ella nos habló de esa carta. Sin duda eras tú. Gracias.

Se sintió muy orgullosa”.

Llevo en la fotografía desde 2007, justo el año en el que dejé de escribir de forma continua.

Encontré en la fotografía otro medio de expresión que me atrajo inmediatamente. De repente me di cuenta de que era buena captando lo que sentía  a través de una imagen.  Dejé de escribir un día, luego semanas, meses  y años.

Casi 11 años apartada de la escritura. Ya se me olvidó. Se me olvidó que quería  ser esa escritora, me olvidé de encontrar las palabras exactas y llenas de matices para explicar lo que siento. Ahora soy repetitiva, pobre en el vocabulario, plana.

Durante años me he dedicado a encontrar esa esencia perdida a través de la fotografía.  Pero nunca la llegué a ubicar.

La fotografia me llena. Pero al cabo de un rato esa alegría se esfuma.

El poder de unas palabras sinceras calan hondo, transforman. Revuelven tu interior, ayudan a sanar.

Hoy en día estamos sobresaturados de imágenes preciosas que ya no dicen nada. Y yo misma he sucumbido a ella.  La fotografía te hace estar alerta a la novedad, al gustar. Posee otros códigos, te hace correr, buscar un fin en lugar de pasearte por ese camino. Queremos resultados inmediatos.

Y la escritura es realmente sencilla. Algo tan simple como una mesa vacía con un cuaderno, un bolígrafo y una taza de algo caliente se puede convertir en un momento místico.

En un mundo de prisas, de incertidumbres, de una constante evolución a la que a veces me cuesta seguir el ritmo,

mi cuerpo me pide parar.

Necesito practicar, leer, volver a aprender.

Y parar este ritmo frenético de mi interior que me pide mostrar lo que hago para sentir que “¡ey, estoy aquí!, sigo viva, no me olvidéis” como si el mundo internet fuera la única realidad que existiera.

Me va a costar retomarla. 11 años son muchos años. No creo siquiera que mantenga esa habilidad. Pero es un trabajo interior que vale la pena intentar.

Lo que más me va a costar es aprender  a crear desde el silencio cuando mi interior está  lleno de mucho ruido.

Quiero y deseo acallar este ruido.

Hay que intentarlo.

Acallar el ruido, para empezar a saborear y escuchar el silencio.

 

 

 

 

ahora serán otros…

Hay veces que no necesitas tener una receta o algo interesante que contar. Tengo el tiempo justo porque en breve voy a recoger a Nico a la guardería, pero el tiempo necesario para rescatar estas imágenes tomadas con mi cámara analógica en Menorca hace unos años y que con el paso del tiempo más y más me gustan. Me dan paz, me llenan de alegría.

Sin embargo, me da pena  pensar que el amor de los habitantes de esa casa y que nos invitaron a pasar unos días, se esfumara años después. Y que ahora sean otros lo que estén dentro de esas 4 paredes.  Otros paseen por ese campo cerca de casa, o se acerquen al vivero a comprar algunas plantas. O sean otros quiénes abran la ventana para dar de desayunar al gato que espera impaciente cada mañana y que quizás se preguntara al principio la razón del abandono. Abandonas tantas cosas, no sólo a la pareja, dejas vacío un hogar, todo lo sembrado en las tierras, la ilusión, proyectos,  abandonas al gato callejero que ya es como si fuera tuyo después de tantos años dándole amor.

Alegría por ver estas fotos y saber que por lo menos tienes el recuerdo,

pena de saber que a veces lo que creías que era eterno,

no lo era.

Pero la vida sigue.

Irremediablemente sigue…

 

 

cambios necesarios: hacia una vida más consciente

¡Hola! qué ganas tenía de sentarme un ratito frente al ordenador para poder escribir en mi blog. uf, sin duda, Enero ha sido un mes que este año creo que no olvidaremos. Me habían hablado y había escuchado como amistades con hijos pasaban rachas malas con toda la familia enferma, tomando antibióticos, si, lo he visto de cerca, pero no lo he vivido en carne hasta el 5 de Enero que es cuando comenzó todo. Y ahora entiendo muchas cosas. No quiero decir que ha sido horrible, porque hay cosas peores, pero si que me he visto metida en un túnel negro de esos largos donde no ves la salida, ni un rayo de luz filtrándose a través de el. El tiempo se ha parado y mi mente, a causa del cansancio, me ha jugado malas pasadas.

Pero ¡ya!, creemos que todo vuelve a la normalidad y ahora, si aún más cabe, valoro por encima de todo la SALUD. Es lo más importante.

Creo que os comenté en instagram y por aquí brevemente, lo mucho que me gustó el documental “Minimalism: a documentary about the important things“. De repente di nombre a ese cambio que se estaba creando dentro de mí y que no sabía de qué manera calificar.

Llevo  unos pocos años sintiéndome disconforme con la vida que hasta ahora estaba llevando. No al 100%, sino digamos que con una parte pequeña pero que  no paraba de crearme inestabilidad. Sabía que algo quería pero no sabía el qué.

Desde hace unos años, tengo la necesidad de que en mi vida haya menos objetos y cosas materiales y que las pocas cosas que obtenga sean bien meditadas, pensadas, sean útiles y me beneficien en algo. “Menos es más”. Una  frase hecha pero que tiene mucho valor para mí. Y que intento, algunas veces fracaso estrepitosamente, pero que intento seguir a rajatabla.

De repente, viendo el documental,  comprobé que hay personas que sienten lo mismo y que han cambiado totalmente sus vidas. Yo no aspiro a ser minimalista, creo que no podría vivir sin algunos objetos materiales como mis libros, mis carpetas llenas de escritos, mi colección de música, etc. Pero si que podría eliminar de mi vida, más concretamente, dentro de mi hogar, muchas cosas que han seguido salvándose de la quema después de varias y varias limpiezas a fondo. Cosas que erroénamente mantengo porque pienso que si me deshago de ellas, es como matar una parte de mi historia de vida: apuntes de la Universidad, apuntes de mis estudios de fotografía, algunos vídeos, varios objetos de decoración que compré cuando nos independizamos, puf, y así con más cosas.

Supongo que el hecho de saber que los tengo guardados me hace sentir más yo. Una forma de ver el pasado y comprobar que mi yo de antes tuvo sueños, proyectos e ilusión. ¿no os parece absurdo? a mi incluso redactándolo me parece realmente absurdo pero hasta ahora lo he mantenido por esa razón.

Una de las cosas que me ayudan a querer librarme de todas ellas es pensar que durante mi día a día esas cosas no me son útiles, ni en el día a día ni una vez al año, ni cada 3. Y eso quiere decir algo. No me aportan nada. Yo soy la que soy ahora. Mi presencia es suficiente, mi memoria, mis recuerdos son más valiosos que todos los papeles, apuntes y objetos del mundo. Y todo lo demás es mentirse, equivocarse.

Y sé que debo cambiar desde ya. Y deshacerme de esas cositas es uno de mis propósitos de este 2018. Lo conseguiré. Estoy segura de ello.

 

Por otro lado, y como os decía, cuando ahora voy de compras,  noto que me cuesta muchísimo cargar con cosas para mi casa. Por mucho que me gusten, por muy asequible que parezcan. Tengo bien claro que en casa tengo más de lo que debería y hasta que ello no cambie, nada mas puede entrar en ella. Y aún así, teniendo lugar y espacio, únicamente entran cosas que me aporten a largo plazo algo. No de forma momentánea, no para rellenar un hueco en mi vida. ( una de las razones que expone el documental de porque las personas consumimos tantas cosas):

Uno de mis propósitos este año también y que para mi va unido a lo hablado, es la de intentar contaminar menos.  En casa no llevamos una vida totalmente sostenible. ¡ojalá!, creamos muchos desperdicios y que dañan al medio ambiente. Podríamos hacer mucho más. Pero la falta de tiempo,  a veces la mala gestión hace que muchas de esas cosas que si queremos hacer se queden en el aire.

Por el contrario, y lo que hacemos de forma estricta (en realidad ya no concebimos la vida sin hacerlo), es la de reciclar. Reciclar toda clase de materiales. Da igual si en nuestra primera casa no teníamos espacio suficiente, estábamos tan concienciados con la basura que generaban dos personas en una casa a lo largo de una semana, que jamás tuvimos el pensamiento de dejar de reciclar aún teniendo la casa llena de cartones, plásticos, vidrios.   En este sentido, a medida que han pasado los años, lo que más me ha cabreado y me ha amargado, es el pensar la cantidad de plástico que nos venden, que consumimos, almacenamos y generamos. No me importa reciclar cartón o vidrio. Pero siempre he tenido una especie de  malestar que ha ido in crescendo en lo que el plástico se refiere.

Te hace ver que para llevar una vida sostenible se requieren grandes esfuerzos. Muchos, Y que si por un lado nosotros reciclamos absolutamente todo y ayudamos en una mínima parte a hacer de este mundo algo mejor, por otro lado, pecamos por dejar entrar en nuestros hogares tantos  productos envasados, bolsas, fruta con plásticos, botellas, etc, etc, etc.

Supongo que el primer paso es evitar tener que reciclar tantas cosas. Lo sé, soy consciente.

Así que también me he propuesto, en la medida que pueda, en sustituir mucho de ese plástico por materiales ecológicos y nada agresivos con el medio ambiente. El abanico es tan amplio que creo que para no deprimirme en esta lucha, debo alegrarme por los pequeños cambios que pueda hacer. Cada pequeño acto es el principio de algo grande. (El año pasado hice una limpieza a fondo en los armarios de la cocina y llené dos bolsas grandes con tuppers de plástico que había estado almacenando todos estos años y apenas utilizaba. Solo ocupaban espacio. Además de no necesitar tanto, los regalé todos y he ido sustituyendo los de plástico por botes de cristal  y almacenajes también de vidrio en los que se conservan los alimentos infinitamente mejor).

Si puedo evitar traer de la compra semanal plástico (exceptuando en botellas de agua, productos básicos que van envasados, etc), habré dado un gran paso. Pero no puedo, de la noche a la mañana, hacer desaparecer prácticamente el 80% que está en mi casa y que contiene plástico: productos de limpieza, de higiene, objetos de decoración, todo tipo de cosas que parece que no llevan.

Para ello, estas semanas he estado mirando cómo poder hacer esos pequeños cambios una realidad. Estoy realmente comprometida, y ya no es cuestión de modas, de quedar bien, es una lucha interior, un cambio profundo que necesito hacer realidad dentro de lo posible.

He descubierto muchas tiendas donde venden productos totalmente ecológicos  para hacer ese cambio  de manera más fácil. Entre muchas conocidas,  me he decantado por hacer un pedido a  EkoBizi, una tienda de productos ecológicos situada en Vitoria.  La dueña de la tienda es  amabilísima y  tienen productos muy asequibles teniendo en cuenta la calidad de sus productos.

Estas son algunas de mis compras:

Bolsas de algodón orgánico 100% lavables y reutilizables en dos tamaños: para llevar, pesar y guardar cereales y legumbres y para frutas y verduras

Bolsas de red de tela de algodón orgánico.

Pinzas de madera de haya sostenible 100%

 

Quizás son productos que os parecen una tontería a simple vista, pero  especialmente las primeras, van a dar un cambio brutal a mi manera de comprar. Cada vez compro más a granel, llevo mis bolsas grandes de Jute recicladas pero al final siempre acabo entrando plástico en casa. Por cualquier razón: porque  tienes que comprar a granel cosas pequeñas y justamente solo tienen bolsitas pequeñas de plástico para guardar, porque las bolsas que llevo son insuficientes y compro más de la cuenta,  o simplemente porque te lo han colado sin darte cuenta (eso es lo que me pasó hace una semana. Iba concienciada en no traer a casa ningún plástico y me vi que en una tienda de productos de la huerta ya me habían metido dos cosas en bolsitas porque  lo creyeron conveniente y con buena intención, claro! Así que creo que llevar siempre estas bolsas me obliga a comprar más a granel (cosa que ya hago y estoy encantada porque no desperdicio tanta comida), y por supuesto a no malgastar y contaminar.

Y si ya lo hago en el tema de alimentación, ¿sabéis cuánto plástico ahorro? pues  dejadme deciros que muchísimo.

Por mucha locura que os parezcan ciertos cambios y pienses que tanto revuelo no conseguirá librarnos de tanta contaminación. No te desanimes. Ni por la pereza, la desgana.  Ni por creer que el paso que das, los  hay otros que lo dieron hace muchos años y con más magnitud. Da igual  el paso que estés dando. Si es tu primera vez reciclando y piensas que a menudas horas hacerlo, cualquier pensamiento absurdo que nos venga a la mente= ¡fuera!. Yo siempre he sido una de ellas. Mis pensamientos calaban fuerte dentro de mí, por ello muchas de las cosas que quería empezar a hacer se quedaban en simples ideas.

Ya verás que dentro de unos meses, un año entero, rebobinarás y pensarás que granito a granito has conseguido mucho.

Creo que lo más triste es no preguntarse nunca si uno está haciendo algo mal y en qué medida podría ayudar (-se).

“un viaje de mil millas comienza con el primer paso”

Lao Tsé.

 

¡Allá voy!

 

 

 

horneando unos muffins muy ricos y saludables

Unos deliciosos muffins de calabaza con corazón de chocolate de una de mis bloggers culinarias favoritas: Rocío Montoya, alias Veggieboggie.

La receta la puedes encontrar aquí!

Puedo decir que se ha convertido en uno de mis muffins preferidos desde ¡ya! Por lo saludables que son, el increíble sabor, el contraste y sorpresa al encontrarte ese corazón de chocolate en su interior.¡mmm! Una maravilla.

cosas que me han gustado últimamente

qué reconfortante volver a los batidos: leche de arroz, espinacas, platano y arándanos.

Retomo esta nueva entrada que ya empecé el año pasado y está inspirada 100% en mi amiga Astrid Mykletun en su blog “Hei Astrid!” y que tanto me gusta leer. Ella lo titula “things I like lately” que suena mil veces mejor que mi traducción, pero quería que estuviera en español. En fin…

Se trata de subir cosas que te han gustado, llamado la atención o alegrado la semana. Al final también se puede citar esas cosas que no te han gustado.

¡Allá vamos!

Cosas que me han gustado últimamente:

  • El descubrimiento del documental “The Minimalism“. De repente, me dí cuenta de que el contenido del documental trataba algo que ya estaba cambiando dentro de mí. Al terminar de verlo me quedé en shock. Pero empecé a saber como encauzar ese sentimiento interior y expresarlo.”Ama a las personas, usa las cosas”.
  • Las ilustraciones en instagram de Emme Norma.
  • Animarme a preparar las patatas asadas con hierbas y parmesano de Lorraine Pascal. Deliciosas. La receta la tenéis aquí!
  • Disfrutar de un modo inexplicable de mi café de la máñana. Será porque esta semana he necesitado extra dosis de cafeína para mantenerme en pie.
  • Empezar el año con rutinas que comencé el año pasado y dejé en stand by en Navidad: smoothies vegetales o mis bols de porridge, o bien la introducción de nuevas rutinas: empezar a utilizar miel para endulzar mis porridges, pancakes, galletas, etc. Una miel ecológica y deliciosa que compré hace varias semanas a un apicultor en Sóller.
  • Enamorada de la serie Outlander. Hacía mucho que una serie no me enganchaba tantísimo! Enamorada de sus paisajes, de su música, de su historia de amor.
  • Esta semana hemos escuchado música clásica relajante para amenizar nuestros días reclutados en casa. Y también el álbum, “hygge music
  • Obsesionada con las mini casas. Éste interior de tinyhousemovement me encanta. Esta mini casa se encuentra en Girona y ha sido diseñado por Marc Rogas. Los tonos madera claro y muebles blancos siempre son una combinación perfecta. No me importaría que fuera una de mis casas de veraneo . Y si puede ser en la montaña, mejor que mejor. Soñar es gratis, ¿no?

 

  • Cosas que no me han gustado últimamente:
  • Nico ha pasado desde Reyes con un virus que lo ha tenido con fiebre altísima. Mucho insomnio, con ganas de que el antibiótico le hiciera efecto y con deseos enormes de verlo sonreír.  Que mal se pasa cuando ves el sufrimiento de tu hijo y no puedes hacer nada más que tener paciencia.
  • Permanecer en casa durante varios días sin poder salir a tomar aire fresco a causa del virus me ha llegado a desesperar.
  • Un poco de ansiedad por no empezar esa ansiada rutina después de las vacaciones de Navidad.

 

PATATAS ASADAS FÁCILES CON HIERBAS Y PARMESANO (LORRAINE PASCAL)

Ya tardaba en subir una receta este 2018. Me hubiera gustado subirla antes pero es que por aquí Nico lleva enfermo desde el Día de Reyes. Todo ha desembocado en moco en la garganta, comienzo de otitis y bueno, para nosotros es algo nuevo. Hasta ahora hemos tenido mucha suerte y únicamente hemos sufrido algún resfriado o una fiebre alta a causa de la salida de dientes, pero esto ya es otra cosa. Fiebre altísima que ha durado varios días seguidos  y hoy ha cesado (¡por fin!), ver a tu hijo con una cara de no poder aguantarse, temblores, arder, tener que darle antibióticos y paracetamol cada poco tiempo y con apenas nada en el estómago. ¡uf!, si antes valoraba estar sano, ahora más que nunca. Cuando tu hijo se pone enfermo es como si el tiempo se parase. Y los días transcurren de una forma tan lenta que pierdes hasta la noción del tiempo. Además de lo mucho que sufres. Se me parte el alma. Pero bueno, vamos a ser positivos y parece que el antibiótico por fin esta haciendo efecto. Y pronto tendremos a mi bichito pululando por todo con esa sonrisa tan dulce e irresistible que hasta enfermo se permite regalarnos.

No me enrollo más (qué maldita manía) y al lío! Esta receta no es mía, es reproducida tal cual de uno de los últimos libros de Lorraine Pascal: “La Cocina sana de Lorraine Pascal”. Me lo compré hace varios meses y enseguida supe que esa receta de patatas tenía que ser una de las primeras. ¡Y mirad si ha pasado tiempo!, pero el otro día la hice y triunfó. Está riquísima, es muy fácil de hacer y como acompañamiento a cualquier plato (y más si tenéis invitados) será un éxito.

Yo ya me he quedado con el truquillo y ya pienso hacerlas así siempre pero cambiando quizás las hierbas.

Os subo la receta tal cual del libro para aquellos que no lo tenéis.

Espero que os gusten tanto como a nosotros.

 

PATATAS ASADAS FÁCILES CON HIERBAS Y PARMESANO. (receta extraída del libro “La cocina sana de Lorraine Pascal”)


Ingredientes:

  • 1 kig de patatas para asar, peladas y cortadas por la mitad o en cuartos.
  • 2 cdas de aceite de oliva
  • 1 cda. de orégano seco.
  • 3 ramitas de romero fresco (solo las hojas) finamente picadas.
  • 3 cdas. de queso parmesano finamente rallado.
  • Sal marina y pimienta negra recién molida.

Preparación:

Precalentar el horno a 200 grados.

Poner al fuego una cacerola grande llena de agua con sal y llevar a ebullición. Introducir las patatas y hervirlas durante 8 minutos.

Mientras se cuecen, rociar una bandeja de horno con aceite.

Una vez listas las patatas, escurrirlas bien y ponerlas de nuevo en la cacerola. Agitarlas bien para que queden esponjosas y para asegurarnos de que quedan crujientes una vez asadas.

Colocar sobre la bandeja las patatas. Salpimentarlas bien y girarlas sobre la bandeja para que queden impregnadas de aceite por todas partes.

Asar durante 40 min en total. A mitad de cocción, sacarlas del horno y espolvorear sobre ellas la mitad de las hierbas y el parmesano. Girar las patatas y espolvorear la otra mitad de todo por encima.

Tras 40 min, las patatas deberían estar completamente hechas, doradas y crujientes.

¡A disfrutar!

 

¡Adiós, 2017! ¡Bienvenido, 2018!

Ya llegó el último día del Año. Siento nostalgia. Ha sido un buen año a pesar de las idas y subidas que a veces tenemos, de los contratiempos. Pero lo echaré de menos.

El día 31 es uno de los días que más detesto. Creo que es mi Martes 13 particular. No me siento cómoda, no me apetece estar alegre y hacer una fiesta por pasar a un nuevo año. Siempre lo he vivido con apatía y algo de melancolía. Este año no va  a ser diferente, bueno, si, algo si porque Nico consigue teñir de luz  cualquier momento, así que pasaré la noche de hoy del mejor modo.

El último día del año tengo 2 rituales que suelo seguir desde hace mucho. El primero de todos y que sigo siempre a rajatabla, es que me gusta hacer una limpieza exhausta de mi casa para llenarla de buena energía y dar paso a ese nuevo año con buenas vibraciones. Cuando termino de limpiar y organizar la casa y dejar preparada la comida para el día 1, lo que siempre hacemos es la de encender un incienso. De este modo damos por cerrada una etapa y damos gracias a ella. Y segundo, me gusta anotar una serie de propósitos. Una parte de ellos son totalmente profundos y otros, como lo que voy a citar, me sirven para mantener mi mente más organizada.

 Al final, más que una serie de objetivos a cumplir (casi nunca llego a realizar todos), es un camino que me gusta cada año trazar para sentir que una parte de mí continuará este 2018. Restos de la Lorena que el año pasado fui pero con esos puntos en los que me gustaría hacer las cosas diferentes.

Gracias 2017 porque en este año:

  • Tomé la decisión definitiva de dejar la fotografía de manera profesional después de más de una década.  Y gracias a esa decisión, otros caminos se abren ante mí.
  • Nico comenzó la guardería y supuso para Oscar y para mí una gran ayuda. Volver a poder reencontrarme, volver a ser la madre pero también la persona individual que soy.
  • Nos has dado SALUD a toda mi familia, la cosa más importante que uno puede tener. Por la que estoy más agradecida.

 

 

Y entre mis propósitos para este Nuevo Año 2018 ( tengo otros más íntimos que me guardo para mí), están…

  1. Este año voy a dedicar parte de mi tiempo en leer mis blogs favoritos y  a comentar. Es importante recordar que al igual que para mi es importante el feedback, para los demás también. Sienta bien recibir un comentario (siempre que te apetezca, por supuesto!).
  2. Acabar el libro-album de 2016. Llevo ahora dos años de retraso y el 2016 sin duda es un caos. El primer año de Nico y con la cantidad  de fotos y vídeos que tomé sin eliminar ninguna. Decir que he avanzado un poco estos días y ya tengo completo la primera parte de ese libro (Enero- Junio). Yeah!!
  3. Este 2018 ser consciente de las fotos que hago, especialmente con la cámara de móvil. He de ser sincera y  decir que cada vez hago menos y únicamente dejo el móvil para grabar vídeos, pero intentar hacer una criba de cada sesión y quedarme solo con las buenas sin sentirme mal. No necesito todas las fotos. Menos es más. Recordarlo al tomar fotografías de mi familia. Y editar las fotografías en cuanto pueda. No dejar las fotos  en carpetas para editar más adelante. Ese “después”  se traduce en meses e incluso un año. Y creedme, no mola nada.
  4. Volver a retomar (si algún día lo comencé) la entrada de “things I like lately” inspirada en una de mis bloggers favoritas (Hei Astrid). Sin duda, su blog es mi inspiración desde hace años. No sólo por lo organizada que es y lo mucho que la valoro, sino por esas fotos tan cotidianas y que logran siempre hacerme soñar e insuflarme de energía. Qué decir si os digo que aparte de ello, la considero una amiga. Me encanta leer cada entrada de las cosas que más le gustan recientemente. Y quiero obligarme a anotar cualquier cosa que durante la semana (o dos) me impacta y me alegra. Un artículo que he leído, una foto, una canción, una serie, una receta que quiero hacer o que hice y necesito recomendar. Todo vale.
  5.  Maquetando el libro- album del 2016, estoy disfrutando de poder recordar cada avance que hizo Nico cada mes. Y todo se debe a que fuimos apuntando en un calendario cada hito importante en su crecimiento. El primer año esta lleno de ilusión y es cierto que los siguientes te acomodas un poco porque los cambios no son tan heavy. Y me gustaría volver a retomarlo. Y anotar en una agenda  todas esas cosas que nos llenan de felicidad.
  6. Dedicar los fines de semana a salir menos para hacer compras y quedarnos en casa y los alrededores para saborear el tiempo que pasamos juntos. El placer de no hacer nada en concreto.
  7. Menos whatsap y más intentar estar en lo que de verdad importa. No quiere decir que sea maravilloso poder estar en contacto con gente a la que aprecias y mantener alguna que otra conversación, pero intentar estar más en el AHORA.  Estar continuamente pendiente del móvil me llega a mantener activa, me estresa y pierdo tiempo. Recordar: el tiempo es muy valioso. Es tuyo, no lo malgastes.
  8. Creer más en mi voz interior, en mis pensamientos e ideas.  Hay muchos tipos de formas de ver la vida. Cada una es correcta. Si te sientes juzgada recuerda que nadie está en posesión de la verdad. Toda verdad es relativa. Mientras no hagas daño a nadie lleva la vida que quieras. Fantasea, ilusionate, permitete estar triste sin sentirte egoísta. Pero recuerda: todo a su medida. No te vayas a los extremos (cosa que a veces suelo hacer). Es ahí donde erramos.
  9. Quiérete. Como madre, como mujer, como persona individual. Muchos llegan lejos pero las metas de cada individuo son igual de exitosas si lo luchas, lo trabajas o superas. Lo que para otros es  algo que ya tienen interiorizado, no pienses que por hacerlo más tarde que la mayoría sea síntoma de fracaso. Cada uno tiene un ritmo y un proceso.
  10. Afronta con alegría e ilusión tu nuevo trabajo, el que está por llegar. Da igual si no es lo que esperabas hace años sobre lo qué ser en tu vida. Basta de crearnos límites. Este es el principio de una mejor vida. Todo suma. La vida avanza. Tú no eres lo que haces en ese preciso instante, tú eres lo que quieras ser. Eres lo que anhelas y sientes. Lo que haces en tu día a día.  Y recuerda también: “nunca es tarde para ser lo que deberías haber sido”. Creo que es una de mis citas favoritas y que a medida que van pasando los años más trastoca mi interior.  Es una especie de mantra que necesito contarme a veces.
  11. Cada día lee un poquito. No dejes de leer. Una página, un capítulo, una frase, una cita. Mantente fuerte y aleja la pereza y cansancio entre esas razones por las que no lees cada día. Aprende cada día algo.
  12. No quieras llegar a todo y hacer las cosas a la vez. Habrá gente que pueda. Tú No. No pasa absolutamente nada. Céntrate en las tareas más esenciales y ves borrando de tu lista lo conseguido. Todo ello te hará sentir más realizada y ligera de equipaje. Deja la mente despejada para dar cabida a nuevas cosas. Almacena en tu cerebro lo indispensable.
  13. No te fuerces por ser una madre perfecta. Lo eres. Un mal día lo tiene cualquiera. Aprende a llevar también un ritmo pausado. No pongas a prueba tu paciencia. Sé paciente. Déjate llevar.
  14. Imprimir en papel aquella foto que me encanta y te hace feliz verla.
  15. Intentar tener fotos de los 3. Ya está bien de salir por separado. Hacerte con un mando nuevo y a practicar!
  16. Ir al laboratorio e imprimir una mis fotos favoritas a tamaño 60x70cm para decorar el salón.
  17. Ser más consciente del malgasto que hacemos con la comida. Comprar más a granel evitando así que se desperdicien muchos alimentos. Y llevar una organización semanal de lo que comemos.
  18. Más desayunos slow en familia. El placer de una cafetera a rebosar de café y unas tostadas francesas (nuestro desayuno estrella cada Navidad) o de otra cosa. Lo importante es compartir más momentos alrededor de una mesa sin mirar el tiempo, las cosas que tienes por hacer.
  19. Tener una cita a solas con Oscar cada dos semanas. Una salida al cine, salir a cenar,  a tomar un café en nuestras cafeterías favoritas. Lo que sea. Alejarme de la pereza que a veces nos supone y de la comodidad de quedarnos en casa.
  20. No tomarte estos ítems como objetivos. No pasa nada si no puedes cumplirlos. Están aquí. Salen de tu interior, date tiempo. Esto no es una carrera de fondo. El próximo año me sentiré igualmente de orgullosa. Y lo seguiré recordando.

Adiós por tanto, 2017.

¡Bienvenido, 2018!

25 de Diciembre de 2017

Estas Navidades creo que han sido una de las mejores que recuerdo. A mitad de mes decidí dejarme de presiones (como comenté en mi anterior entrada)  y la tónica que luego he seguido ha sido la de  dejarme llevar. Sin “peros”, sin excusas, sin sentirme mal.

Y me he dado cuenta de que al hacerlo, los días han transcurrido de una forma tan natural, descansada y bonita que solo por ello (y si, por muchas cosas más), el balance de este año 2017 es totalmente positivo. Los finales dicen mucho. Y estos días he saboreado (no el espíritu navideño que ya lo dejé el 26 de Diciembre), sino que he podido saborear la vida con mi familia. El no mirar el reloj, no estar activa en las redes sociales, no movernos de casa. Dios, qué reconfortante haber pasado tantas horas en casa, o paseando o en el parque. En definitiva, seguir los ritmos de Nico que al final se han ido acoplando a los nuestros también. Nos ha ayudado a crear un vínculo aún más estrecho, Nico ha pegado también un cambio brutal en muchos aspectos y estrenamos su nueva habitación, disfrutamos cada día de los regalos de Papá Noel, nos sentamos más tiempo en la mesa para disfrutar de unas tostadas francesas que repetimos y repetimos sin pensar en qué día estamos, o comemos cosas ricas y algunas veces no del todo saludables.

Soy de las que se pasaban las últimas semanas de Diciembre haciendo las últimas compras navideñas. Dudando sobre qué comprar, intentando acudir a todos los mercados navideños  para meternos de lleno en esta época. De estar agobiada con los compromisos familiares que me llegaban a cansar, de ir para arriba y abajo.

Eso ya es historia.

Ser mamá me ha obligado a ver las cosas desde otra perspectiva. No tan meticulosa y ordenada y organizada. No os voy a mentir, me frustro cuando no consigo controlar mi círculo más cercano. Pero también he aprendido a que  las cosas vienen como vienen y uno no puede estar luchando días tras día sobre un imposible. El caos es positivo. Sin duda eso  lo he aprendido con la maternidad.

Y estas Navidades no he sentido agobio alguno. Me ha gustado ver la Lorena que también se escondía dentro de mí.

Está siendo muy reconfortante y revitalizador.

Y nuestro 25 de Diciembre, nuestro día favorito, fue muy especial…

nuestros 25 transcurren en casa. Abrimos los regalos, jugamos,  disfrutamos de un delicioso desayuno que se alarga hasta la hora de la comida, llevamos el pijama durante todo el día, comemos rico, escuchamos música, descansamos, vemos alguna peli y colocamos el colchón en medio del salón para pasar  el día cómodos y dormir juntos  viendo el árbol iluminado hasta caer rendidos.