llamado Ca´n Isabel, en Sóller.
El 27 de Febrero Oscar y yo celebrábamos nuestro 10 aniversario.
Desde hacia aproximadamente 5 años ( nuestro último viaje a Londres) no habíamos tenido la oportunidad de viajar. Y ese año estábamos más que decididos a escaparnos a un lugar soñado: Irlanda.
Nos pusimos meses antes a buscar el mejor precio, el alojamiento, etc, etc.
Las ganas iban decayendo. No estábamos pasando una buena época económica pero nos hacía muchísima ilusión.
Tres bodas fueron las desencadenantes para que esa ilusión se rompiera a pedazos. Tres bodas y unos malditos pagos nos echaron para atrás…
Y nos dijimos eso de: “el próximo año seguro, vale?”.
Y ahí quedó otra vez el sueño de estar en algún pueblecito encantador de Irlanda.
En sueños.
No íbamos a chafar ese día de ninguna manera así que decidimos escaparnos a un pueblo de la sierra de la isla. Nuestros pueblos favoritos. Durante el año 2006-07, óscar y yo repetimos en un lugar mágico situado en Fornalutx llamado “Sa Tanqueta”.

Un apartamento espectacular para nosotros dos con vistas a la montaña. Creo que nunca olvidaré esos días metidos en nuestro “hogar” Cenas románticas, desayunos frente a una chimenea degustando el mejor zumo de naranja natural y las mejores mermeladas caseras, especialmente la de higo. Yo recién comenzaba a estudiar fotografía y andaba con mi cámara analógica por todas partes. Si bien quería hacer fotos originales, también he de decir que me quejaba de lo mucho que pesaba. Ahora es mi herramienta principal. No puedo ir a ningún lugar sin ella.
Pero “Sa Tanqueta” había cambiado de horario, entonces decidí por mi cuenta buscar por Internet otro hotel o apartamento a visitar. Los buscaba muy originales. No me conformaba con cualquier cosa. Necesitaba algo de mi estilo o bien diferente al resto de hoteles. Quería un hotel pequeño, familiar y rural.
Y lo encontré.
Después de tantear varios precios o bien decidir qué habitación elegir, óscar pensó que ya que no habíamos podido ir a causa de factores externos a un lugar que bien merecía nuestros 10 años, nos merecíamos gastarnos unos euros más y disfrutar de la mejor habitación. Y así lo hicimos.
Elegimos la habitación con terraza.
Muchas ilusiones de camino a Sóller y a ese hotel. Estaba pasando, bien, estaba quitándome los últimos resquicios de una mala época y necesitaba urgentemente desconectar.
El hotel se encontraba muy cerca de la estación de trenes del pueblo. Me encantó.
No podíamos apenas vislumbrarlo. Pasaba inadvertido con las casa de al lado.
Y entramos.
No os podéis ni imaginar lo que sentí. De repente me sentí en otro lugar. Algo así como en una casita acogedora en Irlanda.
Era pequeñito y especial.
Nos recibieron Antonio y María, unas personas de esas que no olvidas nunca. Calurosas y llenas de nostalgia en sus ojos. Nostalgia y sabiduría.
Enseguida nos hicimos buenos amigos y compartimos muchas confidencias entre los desayunos, las bajadas al pueblo…
Nos llevaron a nuestra habitación. Estaba arriba del todo. Unas escaleras estrechas que olían a un perfume delicioso nos condujo a ella.
Abrimos la delicada puerta de madera y zas!
lo que presenciaron nuestros ojos fue maravilloso.
Era mucho mejor de lo que podíamos imaginar. Era como encontrarse en el cielo.
Una habitación enorme a la par que cálida y llena de bellos matices y colores. Una especie de escalera trampa empleada como claraboya donde ver los amaneceres, y un par de libros colocados como de casualidad…
Y un baño, guau! el baño de mis sueños.
Todo lo que sucedió ahí mismo fue especial y diferente, como había deseado.
Un hotel para nosotros dos.
Todo vacío. Los últimos huéspedes marchaban la misma mañana que entramos.
La quietud personificada.
Sentimientos difíciles de borrar.





