Me levanto un domingo a las 10 de la mañana . No es muy pronto pero lo parece. Cuando uno vive en un pueblo, sobretodo en un fin de semana, uno pierde la noción del tiempo. Todo es silencio. Lo único que te perturba la mente son tus propios pensamientos.
Y no es otoño. El cambio de estación se producirá dentro de una semana y media más o menos pero desde hace 3 días es como si lo fuera. Se nota en las mañanas. Tienen otro color, las hojas se remueven como si quisieran expresar su llegada. La luz es meláncolica como mi alma…
Y hace tiempo esa misma alma me pedia a gritos visitar mi querido Deià. Sigo enamorada de ese lugar como el primer día. Allí llega antes el otoño, no mucho, lo suficiente para contentarme. Un largo paseo de dos horas. Subo las escaleras que llevan a la cascada ahora seca y nada que ver con el milagro que sucede allí. Y mientras lo hago recuerdo como dos días antes en mi clase de relajación nos piden qué visualizemos un lugar relajante, que nos llene de paz.
Y me rio.
En menos de dos días yo ya he pisado ese lugar.
Bienvenidos a mi nuevo blog.




