Antes de comenzar una nueva lectura, no quería olvidarme de Firmin de Sam Savage.
He leído muchos libros por placer. Y tengo mis preferencias. Empecé con los clásicos y luego encontré en la poesía una forma de expresión mucho más placentera que incluso la música.
Finalmente opté o más bien, encontré en la novela corta o el ensayo, una increíble fuente de información de la cual me alimentaba día sí, día también.
Pero bueno, de eso ya hace algún tiempo.
Entre mis recientes lecturas no puedo dejar pasar mi descubrimiento: “Firmin”.
Y lo he de confesar, cuando busco un libro, aparte de la vertiente literaria, me fijo en mayor medida en el título, la sinopsis y siempre, siempre, el último párrafo del libro. Y en último lugar, no por ello menos interesante, en su portada.
Y siento vergüenza al decir esto pero ver a una rata como protagonista de la historia me enterneció. Seguramente por la pérdida de mi hámster al que quise mucho hace poco tiempo, o no sé…
Lo cierto es que todavía recuerdo las calurosas noches de verano y como mi madre se cargaba a todas las ratas que iban rondando por la lavandería. Una a una, y decía: ” mirad, he cogido a 3 de golpe!!”
Incluso tratándose de una rata, siempre sentí pena por ello.
Y es que al igual que Jerry, ese viejo escritor borracho, yo también tendría a Firmin como mascota.
En el libro, Sam Savage, cuenta la historia de Firmin, una rata nacida en el sótano de una librería de Boston en los años 60. Con una infancia cruel, Firmin crece devorando, primero por necesidad, luego por afición, las páginas de libros.
Y se convierte en una rata culta pero tremendamente solitaria.
A medida que devora libros, Firmin, va transformando sus sentimientos y emociones hasta volverlos humanos.
Un libro lleno de anotaciones y alusiones a otras obras,
que consigue ponerte en la piel de una rata incomprendida hasta límites insospechados.
Por qué, quién nunca se ha sentido alguna vez un bicho raro? Digo, aparentemente.
Nunca sabemos lo que escondemos en nuestro interior.
Firmin:
” Al principio me limitaba a comer, royendo y masticando, tan feliz, siguiendo los dictados de mi gusto. Pero pronto empecé a leer, un poco por aquí, otro por allí, en los bordes de mis comidas. Y según transcurría el tiempo fui leyendo más y masticando menos para terminar pasándome prácticamente todas las horas de vigilia leyendo y comiéndome sólo los márgenes.”
………………..
“Siempre creo que todo va a durar para siempre, pero nada dura para siempre. De hecho, nada existe más allá de un instante, salvo las cosas que retenemos en la memoria. Yo siempre intento retenerlo todo. Prefiero la muerte al olvido”

