A los 15- 16 años me di cuenta de que era algo “diferente” al resto de mis compañeras de colegio e instituto. Me gustaba hacer cosas, que si bien no se acostumbraban a hacer en aquella época, no quiero imaginar en esta…
Entre otras cosas vi que yo iba más despacio que los demás.
A ver si me explico.
No intelectualmente hablando. Creo que en aquellos momentos era mi mayor prioridad. Entre otras tareas, a los 16 años estaba decidida a leerme los 5 tomos enormes de Historia Universal de la Literatura que poseía mi padre. Estaba obsesionada con especializarme en algo (de siempre he pensado que si uno no llega a encontrar su tipo de “estudios o carrera” ideal, lo importante no es un título sino el bagaje cultural que uno tuviera= lo sigo creyendo). Bien, empecé a leer nombres impronunciables, a saber de sus obras y a buscar en diccionarios el significado de ciertas palabras nunca leídas hasta ese momento por mí.
Bien, digo que me sentía que iba más despacio que el resto porque mi corazón me pedía hacer cosas con más tranquilidad de la habitual. Dedicaba muchos minutos de mi vida a estar en silencio, reflexionando. A quedarme sentada en la terraza con un papel en blanco y dejando que los pensamientos fluyeran en mí. Sin prisas.
Todas las cosas que han ocurrido en mi vida las he intentado llevar de la mejor manera posible y sin perder ni un ápice de mis costumbres….
Hasta hace 3 años.
Odio la palabra “depresión” tan utilizada por mi últimamente. Supongo que han sido varios factores personales los que me llevaron a ello pero quizás lo más influyente y lo que me acabó de joder fue “la falta de lentitud” que hasta ese momento había permanecido a mi alrededor.
De repente sentí como el mundo se aceleraba y todos se acoplaban a ese cambio menos yo. Y a mí no me importaba ¿por qué, debía hacerlo ahora? Yo sabía que andaba a contracorriente pero nunca sentí que el agua tenía tanta fuerza…
Al final, y sin quererlo, me vi envuelta y nadando entre toda la marabunta. Como cuando en las pelis de acción ocurre una catástrofe y nadie sabe cómo reaccionar. Simplemente siguen un punto fijo.
Y quizás nadie se pregunta por qué razón debemos seguirlo
pero yo sí. Ahí está el problema y la razón de mi sufrimiento.
No importa que llevemos un sentido que no nos pertenece mientras no abramos la boca o parezcamos seres completamente normales, incluso felices de la nueva situación.
Y nunca me acostumbré a ello.
Ahora, pese a ser la misma de antes, estoy en la búsqueda de ese punto intermedio que necesito para no caer en la tristeza de ser algo que no quiero ser y bien, conseguir acoplar mi antigua vida a la transformación del mundo de hoy.
Es difícil.
Todavía no lo he conseguido del todo. Mi corazón me pide ir a un ritmo lento pero mi cabeza es consciente de la rapidez de los hechos y como una nota mal añadida, rompe el equilibrio que momentos antes había conseguido.
Algo así como empezar escuchando “Clair de Lune” de Debussy y de repente meter a Metallica entre esa relajante melodía. No quiere decir que lo otro no sea buena música.
Es la mezcla que distorsiona mi mente haciéndome sentir tremendamente incómoda.
Y todo este venia como preámbulo a la introducción de un libro que me fascina. Es como la biblia para muchos. Me ha ayudado muchísimo. La primera vez que lo leí fue por recomendación de una profesora en mis estudios de magisterio.
No era un libro obligado y entre todos los libros que tenía que leer para mis futuros exámenes me dio por quedarme con ese título. Justo uno que había dicho en voz alta, como valoración personal…
Típico de mí.
Al principio no hice mucho caso. Lo leía y me gustaba pero pasaba páginas en busca de un tema menos aburrido.
Esta es la cuarta vez que lo leo. Y sus palabras llegan a mí en forma de oración que calman mi desasosiego e inquietud.
Lo recomiendo sobre todo a aquellas personas que sienten que no terminan de acoplarse a este mundo loco de prisas, competencias, de ser el mejor y perder energías en algo que poco recordarán los de alrededor.
Más que lo más importante: la calidad humana que uno posea.
Así es.
Elogio de La Lentitud de Carl Honoré.
En el descubriréis el movimiento tan de auge ahora mismo ( un movimiento que corresponde a una “rutina” y “máxima” hace unos cuantos años y que poco a poco hemos ido olvidando. Vamos, que no es nuevo) en algunos países, por ejemplo Italia. El llamado “slow movement”. Una filosofía de la lentitud que se ha ampliado a otros aspectos de nuestra vida como por ejemplo el slow food (menos conocido).
Se trata de encontrar el equilibrio para llevar una vida sana y de bienestar.
Uno de mis libros favoritos.





